La carta que no pude entregarte
Estabas internada y hacía varios días que no podías probar bocado. Con las pocas fuerzas que te quedaban garabateabas en un cuaderno directivas para seguir luchando y tratar de salvar tu vida. Nadie hacía nada porque el desenlace estaba cerca. Sólo vos y yó estábamos convencidos de que lo lograríamos y yo la noche anterior a tu partida escribía estas líneas que no llegué a entregarte.
"Dulce Gatito de mi vida. Cuanto admiro tu valor y tu entereza. Aunque tenga la oportunidad de vivir mil vidas nunca voy a llegar a la la altura de los deditos de tus pies. Cuanto te quiero. Hoy me tomé el atrevimiento de solicitar que te instalen la zonda para poder comer del modo que sea más seguro y tolerable para vós. La idea es que necesitamos recuperarte lo más pronto posible para poder seguir adelante. Tal como lo dijo el médico de La Plata. Sé que estás muy débil. Se que el esfuerzo ha sido tremendo. Que orgulloso me siento de haberte conocido. Cuanto tengo que aprender de vos. Tratá de ahorrar fuerzas y esperar a poder alimentarte. No nos quedamos quietos y constantemente estamos pensando como vamos a salir adelante. Tu actitud es nuestra guía. Sos lo más lindo que me pasó en la vida y por eso te quiero tanto. Valor y a dar todos los días un pasito adelante.
Tu Gato"
Mara. Merecías y merecíamos algo muy distinto y no se dió. Alguién nos deberá siempre esto.
Cada vez estoy peor. No sabés cuanto me haces falta. Te quiero.
Jorge Castro - Capital Federal - Buenos Aires - ARGENTINA
